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viernes, 26 de octubre de 2012

Órganos y sus funciones



Los animales vertebrados, en general, tienen un sistema digestivo bastante similar. Es un tubo continuo que se inicia en la boca y concluye en el ano, ensanchándose en algunos puntos y cambiando su estructura interna de acuerdo con la función de cada órgano. Veamos, como ejemplo, la descripción del tubo digestivo humano. Imaginemos que damos una buena mordida a una jugosa manzana. Al momento de empezar a masticarla se inicia el proceso de digestión. El primer órgano del sistema digestivo es, entonces, la boca. En ella se encuentran los dientes, los cuales van a encargarse de la digestión mecánica al triturar la manzana en pequeñas porciones. 
En el ser humano adulto hay 32 dientes, de diferentes formas, adaptados a nuestra alimentación omnívora. Tenemos 8 dientes incisivos, que sirven para cortar; 4 caninos, para desgarrar; 8 premolares y 12 molares que sirven para triturar.   En otras especies de animales mamíferos, los dientes se adaptan a la forma de nutrición. Así, los dientes de los animales exclusivamente herbívoros suelen ser planos, para triturar, como es el caso de las vacas; en carnívoros como el tigre, los caninos están muy desarrollados para desgarrar la carne de sus presas. En la boca se inicia el proceso de digestión química de los alimentos.


En el ser humano adulto hay 32 dientes, de diferentes formas, adaptados a nuestra alimentación omnívora. Tenemos 8 dientes incisivos, que sirven para cortar; 4 caninos, para desgarrar; 8 premolares y 12 molares que sirven para triturar. 
En otras especies de animales mamíferos, los dientes se adaptan a la forma de nutrición. Así, los dientes de los animales exclusivamente herbívoros suelen ser planos, para triturar, como es el caso de las vacas; en carnívoros como el tigre, los caninos están muy desarrollados para desgarrar la carne de sus presas. En la boca se inicia el proceso de digestión química de los alimentos. 

Volviendo al ejemplo de la manzana, al masticarla se produce la saliva, que la humedece y facilita el trabajo de los dientes y además aporta enzimas digestivas que empiezan a romper las moléculas de almidón en azúcares más pequeños que serán fáciles de absorber por las células. La enzima que contiene la saliva se llama amilasa salival. Las glándulas salivales se encuentran distribuidas en distintas porciones de la boca.
En el ser humano adulto hay 32 dientes, de diferentes formas, adaptados a nuestra alimentación omnívora. Tenemos 8 dientes incisivos, que sirven para cortar; 4 caninos, para desgarrar; 8 premolares y 12 molares que sirven para triturar.   En otras especies de animales mamíferos, los dientes se adaptan a la forma de nutrición. Así, los dientes de los animales exclusivamente herbívoros suelen ser planos, para triturar, como es el caso de las vacas; en carnívoros como el tigre, los caninos están muy desarrollados para desgarrar la carne de sus presas. En la boca se inicia el proceso de digestión química de los alimentos.

Tenemos dos en la parte baja de la mandíbula, dos debajo de la lengua y dos debajo de las orejas, llamadas parótidas. Estas últimas son las que se nos inflaman cuando nos enfermamos de paperas o parotiditis. En promedio, el ser humano produce entre 1 y 1.5 litros de saliva cada 24 horas. La liberación de saliva puede producirse por un estímulo olfativo —cuando olemos algo que se nos antoja— o hasta por un simple recuerdo, por ejemplo, si imaginas que te vas a comer un limón con sal posible-mente produzcas saliva aun sin tener el alimento enfrente. Con ayuda de la lengua, el alimento masticado es deglutido y pasa a la faringe. Este órgano es compartido por dos sistemas: el respiratorio y el digestivo. Cuando respiramos, el aire pasa de la nariz o la boca a la faringe, y de allí se dirige hacia los pulmones. Cuando comemos, el alimento pasa por la faringe y de allí se dirige hacia el esófago.


Para evitar que el alimento tome el camino equivocado y se dirija hacia los pulmones, existe una estructura llamada epiglotis, que es una especie de compuerta que cierra el paso hacia las vías respiratorias mientras se produce la deglución. Cuando una persona se ríe o intenta hablar mientras está pasando el alimento, puede hacer que se abra esta compuerta y el alimento se vaya hacia los pulmones, lo cual produce una fuerte tos y la sensación de que la persona se ahoga. 
Una vez en el esófago, el alimento, que ahora se ha convertido en bolo, es impulsado hacia abajo por medio de movimientos de contracción, llamados movimientos peristálticos. Estos movimientos se realizan de manera independiente a nuestra voluntad y son tan eficientes en mover el alimento que aun cuando estemos en posición horizontal éste llega a su destino: el estómago. De hecho, podrías pararte de cabeza después de haber comido e incluso así el alimento llegaría al estómago (¡aunque esta posición no es muy recomendable!). 
En el ser humano adulto hay 32 dientes, de diferentes formas, adaptados a nuestra alimentación omnívora. Tenemos 8 dientes incisivos, que sirven para cortar; 4 caninos, para desgarrar; 8 premolares y 12 molares que sirven para triturar.   En otras especies de animales mamíferos, los dientes se adaptan a la forma de nutrición. Así, los dientes de los animales exclusivamente herbívoros suelen ser planos, para triturar, como es el caso de las vacas; en carnívoros como el tigre, los caninos están muy desarrollados para desgarrar la carne de sus presas. En la boca se inicia el proceso de digestión química de los alimentos.

Cuando el alimento llega al estómago, continúa el proceso de digestión mecánica, ya que este órgano tiene potentes músculos que se contraen fuertemente para seguir moliendo el alimento El estómago también contribuye a la digestión química, ya que produce ácido clorhídrico y enzimas digestivas.
El ácido que produce el estómago es tan fuerte que podría quemar tu mano si la pusieras dentro de él. Cuando el estómago se sobrecarga de alimento, a veces libera ciertas porciones de su contenido hacia arriba